Este año decidimos salir de
vacaciones e irnos a vivir la aventura de conocer otro país. El año pasado
partimos con mi pareja conociendo el sur de Chile, viviendo ya bastantes
aventuras. Como iba diciendo, este año decidimos irnos nuevamente de vacaciones
y vivir aventuras, pero en Perú y Bolivia.
Desde hacía meses nos rondaba la
idea en la cabeza de irnos y recorrer lugares como Machu Picchu y Uyuni, y
lograr la más grande hazaña como sería sobrevivir con muy poca plata.
Partimos la primera semana de
Febrero, conociendo Tacna, Arequipa, Cusco, Puno, Copacabana, Isla del Sol, La
Paz, Uyuni, Oruro y Potosí y Cochabamba.
Pasamos frío (yo más que nadie…)
pero nunca hambre, la comida es muy variada, contundente y barata. En estas tres
semanas me olvidé de las comodidades y ofrecí mis despojos orgánicos a la Pachamama
cuantas veces el cuerpo me lo pidiera. Perdí el pudor de tirarme pedos delante
de la gente, de dormir con calzones si lo quería… de hacer el amor en la pieza
de al lado y en el baño de una casa que no es la mía. Perdí el miedo a los
precipicios, a la comida en la calle y al perderme entre tanta gente. Me sentí
estúpida al asustarme frente a la obligación de cruzar un tronco para
devolverme a la ciudad, pero también me
sentí valiente luego de ver qué fue lo que logré hacer manejando mis miedos y
controlando mi cuerpo y mi cabeza para poder cruzar. Me avergoncé y me sentí
orgullosa de mí miles de veces. Viví cada día como si fuera el último,
aproveche y derroché el tiempo de una manera abismante.
Nota aparte: A ratos me
desconocí. Unos días me levantaba con ánimos de hacerlo todo, mientras otros
sólo quería dormir y que alguien me abrazara hasta volver a quedarme dormida
acurrucada. Me sentí grande y me vi como una niñita suplicando por una muestra
de preocupación y mimos. Fui tremendamente egoísta y generosa a la vez, fui
parte de un equipo y me aislé.
Fui inmensamente feliz, pero
también viví momentos tristes, en que sólo pensaba en volver a mi casa con mis
papás, si, con mis papás. Necesitaba de esos abrazos que sólo ellos pueden dar…
de esos que son irremplazables en una noche de frío en que no puedes dormir, de
aquellos que curan el mal de estómago, la rabia y la pena. Esos abrazos me
hicieron falta.
Este viaje lo hice con la persona
que me ha acompañado durante los últimos seis años de mi vida. Debería decirlo
de manera emocionada y con un toque de amor inexorable. Pero este viaje me
sirvió también para darme cuenta de muchas cosas. Primero, estoy desequilibrada
emocionalmente. Algo pasa con mis hormonas que mi cuerpo y mi cabeza no me
responden cuerdamente ni efectivamente. Estoy feliz y al segundo una sola
palabra me detona el enojo, después de enojarme viene la pena, puedo llorar
varios minutos incluso… al rato viene la ternura y la pena otra vez. No sé si
sea un momento por el que toda mujer deba pasar, no sé si existe una especie de
pre-menopausia a los 25 años, pero la verdad es que parezco una vieja culiá achacosa y reclamona todo el tiempo. Y no me gusta. No le gusta a él tampoco.
No me gustó cómo lo traté varias veces, exasperándone sin tanta razón, no me
gustó que me dijera mi nombre a secas en vez del diminutivo cariñoso que me ha
acompañado todo este tiempo. Me dio pena dormir con él al lado y despertar tan
temprano y antes de que él se despertara. Me dio rabia y llegué a pensar en que
no era el hombre adecuado para mi cuando me sentí asustada en la emergencia de
la hidroeléctrica y no me contuvo más q cuando le pedí que lo hiciera, desatándose
mi ataque de pánico. Me dio rabia ver que para él no era igual de importante
levantarse temprano para salir a recorrer, y que luego de haberno puesto de
acuerdo para salir el siguiera durmiendo, luego de 30 minutos en la ducha y un
hora fuera de la habitación del hostal. Ese día me dijo que pedía demasiado,
lloró diciendo que quizá debíamos replantearnos la relación, que yo exigía
cambios de base… que lo quería cambiar a él, que se había acostumbrado a ser el
pololo cariñoso y yo la poco cariñosa. ¿En qué momento me convertí en alguien
tan frío?, no sé si perdí la espontaneidad de querer y mimar en el momento que
fuera o si me controlo demasiado y es eso o que me lleva a ser poco cariñosa.
Siento que en mi vida he
acarreado muchas trancas y no es justo que él las acarree también conmigo.
Siento también que quizá es hora de pedir ayuda y superar mis traumas, de
liberarme de los comentarios de mi madre y sus juicios de valor basados en sus
enseñanzas a lo largo de sus años. Quizá tenga yo que estar bien, para poder
estar bien los dos.
La verdad no sé qué me da más
miedo. Terminar una relación de 6 años y quedarme sin mi mejor amigo y amante o
si me da miedo a estar sola y no encontrar a nadie como él y que él si lo haga.
Soy una joven de 25 años, pero que no vive todo lo que una típica joven de su edad
vive. No carreteo muy seguido, no bebo en casa, no fumo ni me acuesto con
frecuencia con el hombre que me gusta. Guardo distancia de cierto temas tabués
en mi casa como son el sexo y las relaciones prematrimoniales, que dicho sea de
paso, mi mamá está en contra por sobre todas las cosas… con decir que ha dicho
que preferiría verme embarazada que tomando pastillas anticonceptivas. Acarreo
miedos propios de una educación limitada sexualmente. Estar desnuda parece un
pecado, pero ya lo he olvidado. Hacer el amor es estar mirando a mi madre diciéndome
que soy una puta callejera que se vende por sexo al mejor postor… que
obteniendo lo que quiere se irá y me dejará sola. Aunque sea sólo mi imaginación
en base a recuerdos reales… yo sea para nada parecido a lo que vivo con él, me
pes. Me pesa esa imagen, ese discurso plagado de visiones virginales y puras de
la mujer, de aquella que se debe a su marido e hijos.
Una vez hablaba con una amiga de
la universidad sobre el sexo. Esa vez me confesó que sufría de vaginismo. El
vaginismo es una disfunción que impide a la mujer tener una relación sexual
satisfactoria producto de pensamientos que la inhiben y no permiten que logre
disfrutar del acto. Esto se traduce en dolor, nerviosismo y el hecho de que las
parees del útero se pongan rígidas impidiendo la penetración. Pues bien, mi
amiga llevaba 4 años de relación jurando que a esas alturas ya no era virgen.
Pero cuando llegó a la consulta lo primero q le dijo el ginecólogo luego de
examinarla – y de ella llorar a gritos por el dolor – fue que tenía su himen
intacto. Tendrían que someterse a una terapia de pareja en donde deberían vivir
experiencias tales como masturbación a vista y paciencia de la terapeuta,
juegos eróticos y descubrimiento del otro… algo que al parecer no todos los
hombres están dispuestos a hacer. Meses más tarde mi amiga estaba soltera y su
ex tenía ya otra pareja.
Cuál era la razón de su vaginismo?,
pensar en su papá y sus largos sermones sobre las mujeres vírgenes hasta el
matrimonio. Lo mismo que me pasa a mí con mi madre!!!! Esos remordimientos que
se me vienen a la cabeza luego de terminar son terribles!. Mi pelo aceitoso… se
me notará en la cara?, y si me siento mejor con las piernas cruzadas?, me lavo
la cara con o sin jabón… sentirá el olor de la saliva en mi cuello… Y si me ve
el chupón?! Me muero!... y todas esa sarta de hueás que se me vienen a la
mente, justo cuando él me pregunta ¿Cómo estuvo?. Puta, la raja… fuera de que
me siento peor q María Magdalena enamorada de Jesús.
Creo que es necesario salir lo
antes que pueda de esta casa que me aprisiona tanto el cuerpo con la cabeza. Sé
que me odiarán por dejar la casa familiar e ir a vivir con mi pareja, tal y
cual si me desheredaran por ello. Sé que será difícil que entiendan el por qué
no quiero casarme y el por qué me da miedo hacerlo. No es que tengo un terrible
y horrible ejemplo de matrimonio, pero la verdad es que he comenzado a replicar
actitudes de mi madre para con mi padre que odio. Esa manía de controlarlo
absolutamente todo y tener siempre la razón. Yo misma me reconozco y digo “Por
la mierda soy una vieja amargada que jura que su pololo es un pendejo al que
puede seguir educando a pesar de que es mayor que ella”. Me siento mal, pido
disculpas o no, pero lo vuelvo a repetir. Y es que ese es mi ejemplo y por más
que intente no replicarlo lo llevo impregnado en mi naturaleza y me temo que a
nadie le gustará.
Me di cuenta de mi odiosidad
durante este viaje, que en vez de ser pura alegría fue de sentimientos y
sensaciones mezcladas al más puro estilo milshake que me sabe a un sabor
extraño. Sentí tantas veces esa sensación de no ser una mujer digna de
atención, fea y sin gracia que más encima exige que la quieran y vivan
preocupados de ella. Mientras mi compañera andaba de colaless y toda coqueta
abrazada a su pololo, yo iba de pantaleta vieja y de la mano. Se me cayó el
autoestima y por un momento recordé mi mecanismo de autoafirmación: el
maquillaje. Pero como no llevaba el suficiente igual mi autoimagen fue
pisoteada, primera y exclusivamente por mí. Llegando a Santiago, me maquillé y
pinté las uñas (por algo se debe empezar no?).
Me sirve de sobremanera el separar
las cosas y tratarlas como procesos diferentes.
Este viaje fue increíble, aventurero,
emocionante y deslumbrante.
Nota aparte: necesito desahogarme
con alguien, curarme raja y llorar a más no poder. Parezco embarazada… más
menopáusica que embarazada la verdad.
28/02/2014
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